Explotación y charlatanería rodean el ritual de fumar sapo en Punta Chueca, Sonora

POR ASTRID ARELLANO DE PROYECTO PUENTE

Sobre la panga, los antiguos pescadores remaban mar adentro. Tras algunos kilómetros y con el cansancio del trabajo, la piel de un anfibio se convertía en el estímulo para continuar. Una breve lamida y unos minutos de descanso entre las aguas, eran suficientes para reunir fuerzas. Así lo contaron los ancestros.

“Es lo que hacía la medicina antes, así la usaban los ancianos”, narra Pancho Barnett, de 57 años, un ‘haaco cama’ u ‘hombre medicina’, en lengua cmiique iitom o seri.

El chamán habla “del sapito” y él es uno de los únicos tres hombres -junto a su hermano Ray y su tío ‘Pancho Largo’- de la Nación Comcáac que tienen el conocimiento y la autorización para realizar los rituales de sanación con el Inciluis alvarius -o Bufo alvarius, anterior denominación científica-, un animal endémico del desierto de Sonora del que se asegura que se pueden obtener beneficios curativos.

Pancho Barnett es el primogénito del reconocido chamán Francisco “Chapito” Barnett Astorga, quien sigue sus pasos desde hace décadas. Es el heredero de sus conocimientos y quien se quedará en su lugar una vez que el anciano deje este plano terrenal.

Junto a su esposa, Úrsula Séfic -una eslovena que un día llegó a la comunidad de Punta Chueca, Sonora, y decidió quedarse para formar una familia- Pancho, ofrece el ritual que es capaz de aliviar diversos padecimientos físicos y mentales, e incluso el alcoholismo y la adicción al cristal o metanfetamina.

Fuera de ellos, se da un amplio movimiento de charlatanería, con “neochamanes” que viajan dentro y fuera del país y obtienen grandes beneficios económicos personales con el uso de la medicina y su ritual, mientras hay una etnia que permanece en la pobreza, con necesidades tan básicas como el acceso al agua y la salud.

El tesoro está en las glándulas de la piel rugosa de este anfibio nocturno, de donde, al exprimirlas, se obtiene una secreción que contiene 5-MeO-DMT, o Dimetiltriptamina, un psicodélico presente de forma natural en plantas y al menos en esta especie. El líquido blanquecino se recolecta en una placa de vidrio y se seca al sol, para obtener unas finas láminas que serán fumadas en una pipa.

Sobre esta práctica, no existe un registro histórico que documente y respalde el uso ritual y ancestral del sapo como medicina en la comunidad Comcáac, sino que se trata de una nueva práctica introducida a la etnia hace apenas unos ocho años, con la visita de un médico mexicano dedicado a la investigación de estas sustancias psicodélicas.