Habla de la tricomonosis y el parásito que provoca esta enfermedad silenciosa

La tricomonosis es una enfermedad difícil de diagnosticar, que en el 80% de los casos es asintomática y ataca principalmente a las mujeres, y el causante es un parásito llamado trichomonas vaginalis, objeto del estudio presentado en la Universidad de Sonora por Rossana Arroyo Verástegui.

La doctora en Ciencias, adscrita al Departamento de Genética y Biología Molecular del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional (Cinvestav-IPN) ofreció una charla en el auditorio Rubén Garcilazo Pérez, del Departamento de Ciencias Químico Biológicas de la alma mater sonorense.

“De la identificación de factores de virulencia de trichomonas vaginalis al diagnóstico de la tricomonosis” es el nombre de la conferencia en la que la investigadora resaltó que el estudio se centra en conocer al parásito para entenderlo mejor y encontrar posibles formas de curarlo o de diagnosticarlo.

Dio un panorama global de lo que han venido trabajando durante más de 20 años en el Cinvestav-IPN con el grupo de investigación, en el que se han incorporado estudiantes de licenciatura, estancias de verano, de maestría, doctorado y posdoctorado.

Arroyo Verástgui hizo una breve descripción de la enfermedad y del parásito, después mencionó algunas de las moléculas que han estudiado, dónde participan, qué hacen, y finalmente mostró que algunas de ellas, en el hospedero humano, son capaces de inducir una respuesta inmune, por lo que las han considerado posibles blancos para diagnóstico y, quizás en un futuro, para tratamiento.

Describió al parásito trichomonas vaginalis como un microorganismo, un protozoario flagelado que se diagnostica por su movilidad en los laboratorios de análisis clínicos, pero que si pierde calor se paraliza; además, se adhiere a los epitelios vaginales y al dejar de moverse se confunde con las células inflamatorias, por lo que no es fácil de identificar.

Dijo que según informes de la Organización Mundial de la Salud, cada año se reportan 276 millones de pacientes nuevos, de los cuales en México hay 100,000 casos cada año, pero si se toma en cuenta que esta infección puede llegar a ser más del 80% asintomática, hay una gran proporción que no se diagnostica.

Se puede transmitir por contacto sexual y ocasionar el mismo tipo de sintomatología de las enfermedades que se contagian de esta manera, en las mujeres puede provocar vaginitis y en los hombres prostatitis. En las mujeres, por la presencia de cantidades elevadas de hierro, se favorece que el parásito se reproduzca, informó.

Esta enfermedad crónica no es mortal, pero aclaró que puede llevar a problemas como incrementar la susceptibilidad al VIH, predisponer al cáncer cervicouterino o de próstata y puede provocar infertilidad; si la mujer está embarazada, mencionó, puede provocar partos prematuros, niños de bajo peso o con retraso mental, por lo que tiene impactos más allá de la mujer infectada.

Indicó que algunas de las moléculas que han estudiado, por la participación que tienen en la biología del microorganismo pueden servir como blanco para el tratamiento, porque si interfieren con la adhesión del parásito a la célula podrán prevenir que el parásito se pegue y, por lo tanto, prevenir la infección.

Entre los temas de investigación que Arroyo Verástegui ha desarrollado, están “Patogenia molecular de la tricomonosis (adhesión, citotoxicidad y hemólisis)”, “Cisteína proteinasas (CPs), inhibidores endógenos de CPs y adhesinas de Trichomonas vaginalis como factores de virulencia” y “Autofagia del hidrogenosoma (hidrogenofagia) como uno de los mecanismos de relocalización de proteínas multifuncionales a la membrana del parásito”. (AGG)

 

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